jueves, 16 de febrero de 2012

Pandemia

Cuando desperté del letargo causado por aquel infortunio me explicaron que había sufrido cierta lesión leve de tipo amnésica y que la confusión podría durarme algunos días, incluso algún que otro mes. Realmente no sé porqué, ya que las dudas implosionaban vivazmente en mi cabeza, pero algo me instó a confiar en la palabra de quienes me dieron tal diagnóstico. E hice bien porque eso fue exactamente lo que pasó. Todo me resultó verdaderamente extraño y os confesaré que no me agradó nada la impresión que absorbí de aquello. No me gustó en absoluto a lo que me tenía que, en cierto modo, adaptar. No recordaba que yo perteneciera a ese lugar, ni comprendía que me relacionara anteriormente con todas esas personas que decían conocerme. ¿Qué sería lo que teníamos en común? –me preguntaba incesamente. Permanecía ahí junto a ellos, sí, pero con objeto único de mi recuperación. Me dijeron que era lo mejor para mí, que me ayudaría el volver a aclimatarme. Y lo intenté, ¡vaya si lo intenté!. Y extrañamente, supongo, no conseguía empatizar con lo que parecía haber sido mi rutina anterior. Y lo peor de todo es que se me asemejaba a una gran jaula compartida con pajarillos trinando y revoloteando cada uno a su antojo y, mientras tanto, en el centro de la pajarera estaba yo, ocupando el “privilegiado” balancín central con visión directa a la puerta cerrada y bien asegurada desde fuera. Definitivamente estaba atrapada, detestaba aquellos barrotes con los que chocaría al intentar volar. Por ello intenté asimilar todas mis dudas y darles respuesta tan pronto como me fuera posible. Tenía que ser más fuerte que toda esa confusión ahora causada por la contradicción entre mis ambiciones y esta manifiesta decepción de ¿mi realidad?, y así, fuera en campo abierto o en cárcel, sentir a mi manera la libertad.

Bastante desconcertada, oí de fondo un sonido familiar: titití, titití, titití.... El locutor de radio me dio enérgicamente los buenos días a la vez que me informaba de la hora a la que programé anoche mi despertador. Lo cierto es que siempre se agradece amanecer con tal recibimiento. Al incorporarme caí en la cuenta de que al parecer mi fase REM de esa noche había decidido dárselas de gamberra y hacerle experimentar a mi frente algo parecido a la gota fría. Pero ese es el trato que hizo mi subconsciente con el descanso y había que respetarlo. Al fin y al cabo, al despertar todo se olvida y se ve con mayor claridad. Limpié mi rostro, me levanté, me aseé, me vestí, desayuné y salí a la calle dotándole de paso ligero a la jornada que emprendía hoy. No sé si sería por el ritmo de la marcha pero pronto volví a padecer esas sensaciones similares al monzón estival por mi frente a medida que avanzaba el tiempo que pasaba en el exterior. O quizás fuera... ¿otro sueño? Quizás aún no haya despertado... Quizás... No puede ser... es... es como... es como si hubiera tenido una noche premonitoria o quizás no había acabado y era una continuación de la misma, lo que resultaría ciertamente esperanzador. Pero ahora quien sufría amnesia no era yo, sino todos los demás. Se había extendido como una epidemia y por alguna extraña e injusta razón yo estaba siendo castigada al no sufrirla del mismo modo que ellos. Podía percibir un vacío en los ojos de la gente con la que me topaba, no se miraban los unos a los otros y tampoco les importaba, el resto no importaba. Incluso aquellos a quienes yo apreciaba no me reconocían, ni si quiera a mí me correspondían la mirada. Se habían convertido en extraños expertos en el olvido, justo donde parecía que yo había quedado relegada. Me habían excluido de su jaula, yo estaba en libertad. Era la única en libertad, y de ese modo me habían convertido de nuevo en la única prisionera. No comprendo nada... ¿es que acaso no recuerdan lo que teníamos en común?.

Bastante desconcertada, oí de fondo un sonido familiar y rítmicamente acelerado en mi interior: bum-bum, bum-bum, bum-bum.....

domingo, 12 de febrero de 2012

BLANCO  y  O NEGRO



En el fondo, donde impera la más absoluta sinceridad, toda cuestión se reduce a un simple o NO.


viernes, 10 de febrero de 2012

Azares concurrentes

Aquí he venido a parar. Aquí, absorta en la tranquila espera de lo ulterior.
Alzo la vista y veo que tú, sugerente mirada desconocida, también has venido a parar aquí, a mis ojos.
Qué extraño escalofrío; no puedo dejar de observarte.
Sonrío de forma inexpresiva ante tu misteriosa correspondencia.
Y durante esos cortos minutos, entre el nerviosismo y la timidez, pienso...
"Tú, casual desconocido, podrías ser alguien realmente especial"




Pero, simplemente, nunca lo sabré.
Pertenezco a otro aquí.
Perteneces a un desconocido allí.
Al azar de diferentes caminos concurrentes, que de nuevo debemos seguir.

sábado, 4 de febrero de 2012

Una sola puerta de tres, abierta.



Mas no morirán para siempre y,
en su transformación de mañana
darán
con más calor
a la tierra,
de su muerte,
pasado mañana,
brotes de esperanza.

Y yo no he muerto.
Me alegro de la lluvia
y me alegro del viento.
Si tengo frío, me caliento;
si tengo miedo, ¡que no lo tengo!,
susurro y pienso...
Y para mañana
ya me he comido mi pequeña ración
de esperanza.

lunes, 30 de enero de 2012

Importancia








Eres tan grande como yo te permito serlo.
Será mejor que ni tú ni yo lo olvidemos nunca.

lunes, 23 de enero de 2012

Nuovo Cinema Paradiso

"Márchate. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella te sientes en el centro del mundo, te parece que nunca cambia nada. Luego te vas un año, dos... y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo conductor, no encuentras a quien querías encontrar, tus cosas ya no están. Has de ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible, creo que estás más ciego que yo.
La vida no es como la has visto en el cine, la vida es más difícil. Márchate. No quiero oírte más, sólo quiero oír hablar de ti.
Y hagas lo que hagas, ámalo como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño."






Si tuviera que escoger una sola palabra para definir esta magistral película, Cinema Paradiso, sería "oda". Es una bella oda al cine y a la vida, aunándolas primorosamente además, haciéndonos sentir de forma muy entrañable ese paralelismo, esa conexión especial que a veces existe entre ambas, a los amantes de este arte. Además es cuidadosa en cada uno de los detalles, describiendo una muy reconocible infancia y adolescencia y mostrándonos una identificable vida en el pueblo con todos los personajes característicos de él (dentro de la semejanza que nos permite el  umbral de tiempo y la época), sin olvidar hacer una divertida y cariñosa sátira de los conciudadanos y la sociedad. Y qué sería del aprendizaje vital sin la figura de un referente. La película se narra precisamente emanando de esa conmovedora relación aprendiz-maestre, tendiéndose siempre ambos toda la protección que se pueden dar el uno al otro. Son notables también los sabios consejos de experimentado adulto a desconcertado adolescente haciendo, en ocasiones, alusiones a frases de cine, unificando pasión e inspiración con la vivencia personal. 
Todo esto, acompañado de una preciosa y emotiva banda sonora, hace que no me quede otra opción que recomendar con mucho gusto esta maravillosa y genial película de la historia de una vida.

jueves, 12 de enero de 2012

Conformismo

A veces sólo existe la opción de aceptar y abrazar el hecho de que hay barreras que no puedes sobrepasar.


Qué irónico problema surge al caer en la cuenta de que quien descubre la existencia de dichas barreras es la propia naturaleza inconformista de cada uno.

jueves, 5 de enero de 2012

Se oye una canción...

Haciendo esto un poco variopinto y alentada por la cantidad de películas de animación que he visto en estas Navidades, quería hacer una reseña de este fragmento que todo el mundo reconocerá de La Bella y La Bestia. Sé que es una escena muy típica, pero siento debilidad por todo lo que engloba estos cortos 2-3 minutos.

Para empezar, la canción: sin duda una de las mejores de Disney. El piano y, sobre todo, los violines te envuelven de principio a fin dándole grandes inyecciones de vida a tan bonito mensaje. Sin olvidar la implícita, sabia y fiel enseñanza de la casa, en este caso: “Antes de juzgar tienes que llegar hasta el corazón; no hay mayor verdad, la belleza está en el interior”.

Por otro lado, siempre me llamó la atención el trabajo a nivel de los dibujantes: la gran panorámica y el logrado movimiento que consiguen simular de la “cámara” en el salón, desde mi punto de vista, le otorga mayor plenitud al momento, lo intensifica.

Y para acabar, y lo que más me enternece, es justo lo que simboliza la frase “se oye una canción”. Es ese nerviosismo e inseguridad manifiestos en la espera de esa persona, de aquello que llevas tiempo imaginando, que deseas y que por fin tienes la certeza de que va a ocurrir. Y cuando está sucediendo sientes la explosión de toda esa adrenalina acumulada, sientes el vigor del misterio que esconde el “ahora”, ese preciso instante pasa a otra dimensión. A ese pedacito de tu vida es a lo que llamas felicidad. Y... justo después, en contraposición, todo se desvanece, ella le tiene que abandonar. Se convierte en un salto desde el culmen de la satisfacción hasta el subsuelo de la realidad. Toda forma de recomposición de la ilusión es entonces inexistente.

Así que a la aún posible pregunta ¿por qué debilidad por esta escena?, respondo que creo que desde una exquisita inocencia representa algunas de las sensaciones más intensas que todos acabamos viviendo, y lo intenso no conoce camino distinto al de la inocencia para ser experimentado. Así que, corramos el riesgo de ser inocentes; siempre al arriesgar puedes acertar en tu elección final.

Ahora sí, sin más dilación... "su dama le espera":


lunes, 2 de enero de 2012

Compañero de cama

Yo, indefensa, tu amante noctívaga.
Tú, verdugo del sueño, autor de la rendición, compinche del alba.
Brindas a la noche gotas tibias y saladas como manjar.
Tus sutiles tejemanejes me impiden cualquier escapatoria
y caigo presa en tu prolija telaraña, abrazada por tus fuertes manos.
Las sábanas nos abandonan creyendo molestar.
Los minutos galopan ajenos a nuestro tirar y aflojar.
Y entonces me someto a tus juegos de evasión, 
consigues dilatar mis pupilas que fijamente te miran.
Te acercas a mi oído y me susurras,
me susurras realidad descarnada y fantasías.
Y me envuelves en un manto de oleaje, brisa y tempestad
donde tú eres la luna y yo sus subordinadas pleamar y bajamar.
Y cuando tu actividad en la noche consigo amainar
te despides con mirada taimada sin olvidar revelar:
“A propósito, mi nombre es Insomnio
y quizás mañana te vuelva a llamar”.

domingo, 1 de enero de 2012

Hoy, primer día del primer mes del nuevo año.


Muéstrame un corazón que esté libre de necios sueños y te enseñaré a un hombre feliz.

Hoy, enésimo día del incontable mes del infinito intento de llegar a ser feliz sin tener que serlo.



¡PRÓSPERO 2012!