lunes, 4 de junio de 2012

Diario de a bordo: resignación






El frío te invade.
Ni siquiera te cabreas. Ya no.
El ardor de la irascibilidad no aviva para siempre.
Al contrario, atenúa y sientes su ausencia. 
Sientes frío.

domingo, 13 de mayo de 2012

Solos en la madrugada


Intelectuales aburridos, doctores de la comunicación, los de folletos para la comprensión, enhebrando que aquí no hay más que un nivel de lectura, esto no es cultura, ni siquiera contracultura. Esto es solo para los marginados de toda la vida, para los coleccionistas de pesadillas, para los que han ligado poco y mal, para las feas de los guateques, para los que, sed sinceros, nunca habéis visto una pastilla de yumbina. Para aquella juventud de los 50 obsesionada con el “¿estudias o trabajas?”, para los miles y miles de empleados de bancas y seguros. Para los representantes, dependientes y cosas por el estilo que nunca llegasteis a ser Ingenieros de Caminos como quería mamá. Para los tímidos, acomplejados, homosexuales y pajilleros. Para los que se avergüenzan de sus cuerpos flácidos y esmirriados en las playas y piscinas. Y también, cómo no, para las agotadas amas de casa que en su juventud... que por cierto, ¿os acordáis  de vuestra juventud? Hace ya un millón de años; ibais al váter acompañadas de una amiga para animaros en ese último toque a los labios, a las medias o al sujetador, a ver si por fin aquel príncipe azul llamado Arturo, de camisa de cuello italiano y corbata estrechita con nudo Wilson se fijaba en vosotras. Y lo triste es que se fijó.

En fin, queridos inútiles, este es un programa para nosotros, la desengañada gente de la segunda edad que hacemos más y más grande el imperio día a día.

Así empieza “Solos en la madrugada” y así me cautivó a mí.



Esta entrada la tenía pendiente desde el momento en el que vi esta película, pero, fíjate... lo he ido dejando mucho tiempo. No obstante, no he querido obviar esa cuenta sin saldar. Os avisaré que esta película no es de esas que tienen un gran despliegue de medios, ni una película que sorprenda con su argumento. Realmente el guión en sí no parece gran cosa. Pero sí es una película que de forma austera es capaz de comprometerle a uno con ella. Su cercanía y realidad son penetradoras, y esto es lo que le otorga encanto.

Os pongo en situación: resulta que yo siempre para irme a dormir pongo la radio (medio de comunicación que me agrada bastante, dejando de lado las manipulaciones propias de la información) y con la calma característica de la voz de locutor me acabo durmiendo. Pero en ocasiones, y de una manera más asidua de lo que me gustaría, paso largas horas a expensas del insomnio. Y es en estas noches en las que alcanzo la franja horaria de un programa de radio en Ondacero llamado “No son horas” (decir que es un programa que llama especialmente mi atención, pero si podéis no intentéis sintonizarlo, pues, como apunta su título, va a una hora muy tarde...). Bien, en este espacio radiofónico suelen utilizar fragmentos de películas para hacer introducciones a temas, guiños, reseñas o cualquier otra cosa que les hile bien con la conducción del programa. Confieso que es grato reconocerlos. Y aquella noche el fragmento, ese que presenté al principio, no lo reconocí, así que investigué. Di con el título del film, “Solos en la madrugada”, dirigida por José Luis Garci y protagonizada por José Sacristán, y averigüé que trataba sobre la radio como tema dirigente. Decidí que todo con lo que me había topado acerca de esta película reunía los factores suficientes como para verla y valorar de forma experimental. Y así lo hice.

Pues mirad, para mi sorpresa la radio como tema argumental estaba totalmente en segundo plano, pero otorgándole una interesante importancia y también, hay que destacarlo, tratado como un bonito homenaje a los profesionales de este sector. Yo os presento la sinopsis de la siguiente manera: José Sacristán interpreta a un locutor de radio que encabeza un programa nocturno, “Solos en la madrugada”, en el que critica el pasado inmediato del antiguo régimen dictatorial y los años de la transición. Él, en lo personal, está pasando por un momento de crisis y lo plasma cada noche en su programa como desahogo, mediante crónicas y diálogos derrotistas que no son más que el reflejo de la insatisfacción de su propia vida.

Nos situamos por lo tanto en la época perteneciente a una generación entre nuestros padres y nuestros abuelos. Esta cercanía temporal y afectiva es otro punto a favor, pues consigue concienciarte con ellos, ponerte en su situación y entenderles. La película yo la dividiría en dos perspectivas: la de la “primera persona” y la de la “tercera persona”.

Como “tercera persona”, el film alude al trasfondo cotidiano de la vida de aquellos que pasan la barrera de los 30 ó 40 años sin lograr éxito personal en ellas o la anhelada felicidad de, por llamar de alguna manera a esa situación cómoda económica y de bienestar, “darse el gusto” arrebatada por la imposibilidad que impone el deber, el lugar que en el que te tocó vivir o incluso por la decepcionante desilusión de las promesas democráticas sin cumplir (algo que sigue siendo muy familiar). Es decir, aborda esas pequeñas frustraciones del adulto común, contándonoslas con irónica mordacidad, rozando el cinismo, pero sin caer en el tono depresivo (algo muy plausible para el guión).

Respecto a la “primera persona”, hablaré de la persona del protagonista. En primer lugar, ya de entrada nos encontramos con su asombrosa profesionalidad como locutor. Brillante la naturalidad con la que se expresa Sacristán en todos y cada uno de los monólogos y diálogos que sostiene. Un gran trabajo de dicción por parte del actor, pues en ocasiones parece imposible conseguir esa elocuencia a no ser que se estén leyendo los discursos. Y del otro lado está su vida personal, en parte, como ya indiqué antes, canalizada en cada uno de sus discursos radiofónicos nocturnos. Y además de ésta, su decepcionante vivencia en la sociedad que le tocó vivir, nos muestra su experiencia sentimental. Algo que me pareció muy curioso es que se presentan todas las formas de amor posibles: el amor correspondido cuando todo va bien, el amor desgastado por la rutina, el amor no correspondido, y la atracción intelectual y física-sexual. Y se muestra de manera que lo que es amor es amor y lo que es romance o sexo es eso mismo, sin mostrar nada alevoso ni florituras que lo oculten, y con diálogos muy acertados, con un buen ritmo natural y dotados de un constante ingenio propio de cada personaje; algo de los que no todos los guiones pueden presumir: creatividad inteligente.


Yo tengo poco más que añadir, ya si gustáis "Solos en la madrugada" os hablará por sí sola. Creo que la película tiene un plus carismático para aquellos que “disfrutamos” de la noche, su soledad y su silencio callado con la radio de fondo. Fascinante la sensación que transmiten las secuencias de la noche de Madrid. Así que como recomendación si vais a ver la película, a lo cual os animo, hacedlo de noche y de forma solitaria, de lo contrario perderéis un poquito de la esencia de este film.

domingo, 6 de mayo de 2012





'Sin haber conocido la miseria es imposible valorar el lujo'

(C.Chaplin)


Y añado yo: Habiendo conocido sólo el lujo, es imposible valorar lo que supone la miseria.

Y así va el mundo..

viernes, 27 de abril de 2012

Mientras no pasaba por aquí


Curioso.
La calma más apacible y el ajetreo más absorbente.
Estados completamente antagónicos compartiendo una gran analogía:
ausencia de todo pensamiento ajeno a ellos mismos.


lunes, 16 de abril de 2012

"La vida..." en trazos


"Libértame de mí. Quiero salir de mi alma. 
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre. 
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta."

(Pablo Neruda - Llénate de mí)






jueves, 5 de abril de 2012

Balance




El equilibrio de lo imperfecto es quien hace a nuestro particular universo perfecto.

jueves, 22 de marzo de 2012

Otros silencios



Me embriago en la comodidad de los silencios incómodos;
en lo suficiente de tu mera compañía.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Dualidad


"Y si soy el mayor de los pecadores, soy también la mayor de las víctimas"




Fue, pues, la exageración de mis aspiraciones y no la magnitud de mis faltas lo que me hizo como era y separó en mi interior, más de lo que es común en la mayoría, las dos provincias del bien y del mal que componen la doble naturaleza del hombre… Pero a pesar de mi profunda dualidad, no era en sentido alguno hipócrita, pues mis dos caras eran igualmente sinceras. Era lo mismo yo cuando abandonado todo freno me sumía en el deshonor y la vergüenza que cuando me aplicaba a la vista de todos a profundizar en el conocimiento y a aliviar la tristeza y el sufrimiento. Y ocurrió que mis estudios científicos, que apuntaban por entero hacia lo místico y lo trascendente, influyeron y arrojaron un potente rayo de luz sobre este conocimiento de la guerra perenne entre mis dos personalidades. Fue en el terreno de lo moral y en mi propia persona donde aprendí a reconocer la verdadera y primitiva dualidad del hombre. Vi que las dos naturalezas que contenía mi conciencia podía decirse que eran a la vez mías porque yo era radicalmente las dos.  En mi interior experimentaba una fogosidad impetuosa, por mi imaginación cruzó una sucesión de imágenes sensuales en carrera desenfrenada, sentí que se disolvían los vínculos de todas mis obligaciones y una libertad de espíritu desconocida, pero no inocente, invadió todo mi ser. Supe, al respirar por primera vez esta nueva vida, que era ahora más perverso, diez veces más perverso, un esclavo vendido a mi mal original. El espíritu del mal despertó en mí con una furia salvaje. La niebla se disipó. Vi mi vida condenada al desastre y huí del escenario de mis excesos a la vez exultante y tembloroso, mi sed de mal satisfecha y estimulada”.


("El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde" - Robert Louis Stevenson)

lunes, 12 de marzo de 2012




A toda persona que prejuzga y que se muestra intolerante le llega el día en el que le toca comerse sus palabras.